Una vez creados los títeres, de los que se puede decir que nacieron en las manos de los niños y sus papás, el siguiente pasó fue... ¡abrir el telón!
Algunos pequeños escenificaron para sus compañeros fragmentos de la historia de Jerónimo Tajín, del regalo que le envió el tío Gustavo y de las instrucciones que recibiera. Hasta hubo un reno salido de quién sabe dónde, tal vez de la Navidad pasada, que se coló y fue admitido en la casa de la familia Tajín.
Actores y público estaban encantados con la misma magia: habían soñado el mismo sueño gracias a las narraciones -verdaderas recreaciones- que les han hecho las maestras en torno a Las Cajas de China.